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Tena, Gonzalo

Tena, Gonzalo

Teruel, 1950

Aunque desde pequeño tuvo afición por el dibujo y la pintura, esa inclinación previa se confirmaría en la adolescencia por el contacto con el pintor Agustín Alegre y también, según el propio Tena, por “descubrir que los pintores pintaban mujeres desnudas, que las mujeres se desnudaban en el estudio”. Su participación en el entorno del Colegio Menor San Pablo de Teruel en los años sesenta cimentaría una amistad con José Antonio Labordeta y con Federico Jiménez Losantos que se mantuvo en el tiempo.

Aunque desde pequeño tuvo afición por el dibujo y la pintura, esa inclinación previa se confirmaría en la adolescencia por el contacto con el pintor Agustín Alegre y también, según el propio Tena, por “descubrir que los pintores pintaban mujeres desnudas, que las mujeres se desnudaban en el estudio”. Su participación en el entorno del Colegio Menor San Pablo de Teruel en los años sesenta cimentaría una amistad con José Antonio Labordeta y con Federico Jiménez Losantos que se mantuvo en el tiempo.

Sus estudios universitarios de Bellas Artes en Valencia fueron decepcionantes: era una enseñanza artística muy retrógrada. Allí solo cursaría dos años y se traslada a Barcelona en  1970.  Comienza  entonces  una etapa  más  abierta a  la modernidad, más libre y muy influenciada por el pop art. Un año después comenzaría un periodo en el que la obra de Gonzalo Tena sufre una transformación radical y sorprendente: junto a sus amigos José Manuel Broto, Javier Rubio y el ya citado Federico Jiménez Losantos forman el Grupo de Trama, revista en la que recogen sus planteamientos teóricos y plástico. Y este grupo se convertiría en uno de los hitos artísticos de los años de la transición. De 1974 a 1978 realizan varias exposiciones colectivas y una intensa actividad teórica que tiene su base en el marxismo-leninismo-maoísmo,  el psicoanálisis y la semiótica.
La pintura-pintura, como acabó denominándose la producción del grupo, reivindicaba “la pintura frente a su disolución”. En el debate frente a los artistas conceptuales, predominantes en aquel momento, los miembros de Trama contaron con el apoyo de Antoni Tàpies quien, al conocer a Gonzalo Tena e identificarlo como pintor por sus pantalones y zapatos llenos de goterones le preguntó: “¿Pero es que aún hay gente que pinta?”.
El final de Trama corre parelelo al mayor reconocimiento individual de Broto y Tena. Sus respectivas exposiciones en la madrileña galería Buades señalan el inicio de la disolución y el comienzo de una etapa ya en solitario. Así, en los años ochenta, las muestras individuales se alternan con la participación en algunas colectivas. Madrid, Teruel y Zaragoza serán las ciudades que acojan la pintura de Tena. Y Buades será de nuevo la galería que en la que Gonzalo Tena expuso por última vez antes de iniciar una larga ausencia del mundillo artístico que se inicia. Pero antes, en 1983, diseñó una cabecera de espontáneo trazo pictórico para el número 0 de una revista, TURIA, que nacía en Teruel con vocación de “constituirse en un ejercicio válido de pluralidad intelectual”.


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