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A. Merlo | B. Mezcua | M. Solís | J. Varas

Dibujar en el espacio

07.05_15.07.2010


Tradicionalmente ha existido siempre dentro de las artes visuales un estrecho vínculo entre el dibujo, la huella plástica trazada sobre el plano, y la traducción o plasmación tridimensional por la que finalmente una obra se convertía en volumen, en escultura.
 

Ese diálogo entre la superficie bidimensional, ya sea la piel del papel, la de la tela, la madera, o incluso la propia tierra, y el territorio volumétrico y espacial en el que habitan las obras escultóricas, puede ser fácilmente rastreado en los procesos creativos de numerosísimos escultores. De esa forma, ambos lenguajes han escenificado una dialéctica y enriquecedora relación formal y conceptual, plasmada en una doble e interactiva mirada.

Decía Julio González que la escultura era un "dibujo en el espacio". Así, con las palabras de este extraordinario escultor, podríamos fusionar este viaje plástico de ida y vuelta entre lo plano, que pugna por escapar de la tiranía de las dos dimensiones y el cuerpo volumétrico y espacial del país 3-D de la escultura, ciertamente un reino físico, químico y también psíquico.

Dibujar en el espacio trata precisamente de levantar acta notarial de este fértil diálogo entre el plano y la escultura, a través de las obras bi y tridimensionales de cuatro escultores que emplean el dibujo, la fotografía digital o también el territorio de conocimiento y comunicación que encarnan las páginas de un libro, como referencia y complemento de su propia obra escultórica, erigiendo un continuum plástico, formal y conceptual.

Esta exposición recoge, pues, una serie de obras en dos dimensiones de estos artistas que dialogan, se miran, se admiran e interactúan activamente con sus propios trabajos escultóricos. Les invito-incito a que abran la puerta del plano y pasen a la sala del espacio.

Aníbal Merlo

En la obra de Aníbal Merlo ese (ana)lógico diálogo entre el mundo 2D y el mundo 3D tiene lugar, curiosamente, a través de un proceso y un formato digital. Sus fotografías, capturadas por el ojo de la cámara y revividas por el ojo de cíclope del ordenador, son una suerte de anticipo bidimensional de los planos, sombras, luces, trayectos, colores, texturas y olores que acabarán conformando sus piezas escultóricas.

Un lenguaje de vida capturada y detenida, en un instante de crecimiento, por la carne del metal, la madera o el papel, y por la sangre de las pinturas y de las tintas de impresión. Como un naturalista riguroso, concienzudo -y a la vez soñador y demiurgo-, Aníbal estudia la cruda realidad para convertirla en cocinada fantasía.

Bruno Mezcua

Otro mundo natural habita igualmente la geografía artística de Bruno Mezcua. El bodegón, la naturaleza muerta, han recorrido -como un relámpago de flores, frutas, paños y calaveras- la historia del arte. Los jarrones florales que él nos propone parecen surgir de un extraño mundo de metal y dureza; es como si al acariciarlos, un nuevo rey Midas los hubiera convertido en gesto mineral, congelado y aprisionado, en auténtica y literal naturaleza muerta. No sabemos si son bouquets eternos para exaltar el amor de una princesa de hierro y acero, o si sus manos -por el arte de magia de la magia del arte- volverán a transformar la dureza en hojas, pétalos y aroma.

Mar Solís

El cuerpo poliédrico de los libros puede conservar sabiduría, sueños e increíbles historias; los libros de Mar Solís están tatuados de signos, líneas y doradas heridas de tinta negra. Otras historias duermen en la cama de sus páginas, dibujadas y escritas con un lenguaje de ritmos, formas y palabras imaginadas. Como un acordeón de papel, se despliegan y se abren a un mundo de tres dimensiones, reivindicando su derecho a ser mucho más que renglones torcidos en el plano.

Andando, corriendo y brincando las criaturas de ese reino 2D se asoman a un universo de volumen y de espacios, Construyen, con sus largas y arácnidas extremidades, una arquitectura de movimiento y de siluetas; son umbrales para otros mundos (aunque estén en éste); pórticos para un plausible templo del dios de los espacios; estructuras que se asientan firmemente sobre el suelo, o ascienden, como insectos de madera y metal, por las paredes, para abrir nidos en las esquinas y desovar luces y sombras.

Jorge Varas

Los dibujos de Jorge Varas son como ventanas de papel que se abrieran despacio al paisaje del espacio. Miradores plateados, aparentemente fríos -sólo aparentemente-, vanos nada vanos, empeñados en "arrancar una presencia al vacío", tal como señalara lúcidamente Giacometti.

Territorios de papel surcados por la rigurosa y tectónica sombra axonométrica de Madame Geometría, por sus dedos de escuadra y compás, por el aliento exacto y matemático de la perspectiva, pero, a la vez, por la pureza de una belleza formal y conceptual, por la sorpresa de algún gesto soñador, de alguna línea y plano rebeldes (con causa y sin pausa).
 
Fco. Cárpio
Comisario de la exposición
 

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